La luz que no grita
- Sasha Alberto Klainer Berkowitz
- 16 ene
- 2 Min. de lectura
Por Sasha Klainer
Hay quienes juegan para la tribuna
y quienes juegan para que el equipo avance.
Quienes buscan el aplauso inmediato
y quienes sostienen el resultado
cuando nadie mira.
Quienes sonríen a la cámara
cuando sienten reflectores,
y quienes son más obreros o estrategas
que actores.
Algunos concentran su esfuerzo en brillar
detrás de máscaras y agendas privadas.
Otros pueden trabajar en silencio
para que otros brillen,
sin miedo al juicio o a quedar en la sombra.
Quienes pretenden llevar su luz a cada rincón
Persiguen una atención que llegaría por sí sola,
La consistencia tranquila atrae más que el ruido o el movimiento.
La brújula o el faro no tienen afán de protagonismo
No requieren para validarse de antagonismos.
Los que ven las jugadas siguientes en el tablero
Con visión sistémica, diagnóstica,
No suelen operar las guillotinas.
Hay un selecto club de quienes ponderan soluciones
Por encima de los problemas y los culpables.
Para quienes ven más allá de sí mismos,
el mérito no está en el crédito.
Hay quien necesita apagar la vela ajena
para sentir que la suya algo alumbra.
Y hay quien entiende
que la luz verdadera no compite:
se comparte y resplandece.
Iluminar el camino
sin condicionar el destino
es una forma de desprendimiento
que también sabe de éxito.
En las organizaciones maduras,
los logros no son trofeos individuales
ni los errores facturas selectivas.
Los aciertos y las oportunidades de mejora
se distribuyen con responsabilidad,
según el lugar que cada quien ocupa
en la mesa compartida.
Porque liderar no es elegir cuándo ser fiel,
sino serlo siempre.
Aun cuando el contexto aprieta.
Aun cuando nadie aplaude
y la llama es tenue.
El verdadero progreso no hace ruido:
se nota en nuestra congruencia
y en cómo tratamos a los demás.
La luz que no grita es la voz del equipo,
la que nos permite conjugar un nosotros
por encima del ego.

















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