EL ARTE DE DIRIGIR CON PROPÓSITO: REFLEXIONES DESDE LA PRÁCTICA DE LIDERAZGO EDUCATIVO HUMANISTA
- Sasha Alberto Klainer Berkowitz
- 29 nov 2025
- 9 Min. de lectura
Liderazgo educativo, gestión escolar humanista y dirección de centros educativos en México
Por Sasha Klainer
Dirigir una institución educativa hoy exige sostener una visión de futuro en un mundo que se mueve más rápido de lo que podemos nombrar.
Implica navegar entre tormentas sociales, expectativas familiares, urgencias emocionales, tensiones económicas y realidades culturales que interpelan cada decisión. Pero, sobre todo, dirigir una escuela es un acto profundamente humano: uno que exige claridad, sensibilidad, ética y una convicción inquebrantable sobre el valor de la educación.
En la charla impartida al Posgrado en Dirección Educativa de la Universidad Anáhuac Veracruz, compartí algunas de las ideas, tensiones y aprendizajes que han marcado mis más de veinte años de experiencia, en particular en la gestión escolar, dirección educativa y liderazgo humanista.
Hoy las presento como guía, reflexión y punto de partida para directores, docentes y líderes que buscan construir escuelas con identidad, sentido y futuro.
1. Liderazgo educativo: un arte profundamente humano
En la administración escolar abundan los procesos, los tableros de control, las métricas, los manuales, las teorías organizacionales. Todo eso importa. Pero nada de eso sostiene por sí mismo el corazón de una institución.
Una escuela no es un edificio, mobiliario, horarios, entes siderales sin órbita: es una comunidad de personas que respiran, sienten, aprenden y confían.
El liderazgo educativo implica integrar técnica y sensibilidad, estructura y criterio, disciplina y empatía.
Una brújula ética sin estrategia es ingenuidad; una estrategia sin ética es vacío.
Dirigir con propósito es creer en la semilla, incluso cuando aún no asoma la garantía de un eventual fruto.
Es caminar con visión en el horizonte y con los pies firmes en la realidad del aula.
El tejido humano es lo que mantiene todo en pie y andando.
La técnica y la teoría ordenan, encaminan. El propósito, cohesiona, inspira, trasciende.
El sistema eficaz, perdura más cuando se presenta con rostro humano.
2. Navegar tensiones: la tarea invisible del liderazgo escolar
Dirigir una institución educativa es habitar el territorio permanente de las tensiones.
Se requiere un liderazgo que no se deje arrastrar por dicotomías fáciles ni maniqueísmos cómodos.
El liderazgo maduro no elige extremos: los integra con discernimiento.
Estas son algunas de las tensiones que todo director debe aprender a armonizar en la cultura escolar contemporánea:
Normatividad y criterio
Cumplir la ley sin deshumanizar la práctica.
Traducir la letra en espíritu, y el espíritu en acciones responsables.
Un buen líder es capaz de distinguir los fines, valores, acuerdos, aspiraciones, identidad de su comunidad y, sobre ello alinear voluntades, fuerzas, esfuerzos y capacidades, para que se sienten las bases de la mejora de la realidad conforme a la brújula institucional.
Visión en el horizonte y los ideales, paso firme, pies en el suelo… no es carrera de velocidad, es de resistencia.
La norma sin criterio asfixia; el criterio sin norma desordena.
Autoridad y cercanía
Ejercer liderazgo sin autoritarismo.
Lo correcto no se impone, se asume desde convicciones, responsabilidades, no por miedo, o presiones externas.
Se puede ser cercano sin diluir responsabilidades.
La firmeza es compatible con la empatía.
Familias y comunidad escolar
Pasar de la lógica del reclamo a la corresponsabilidad.
Educar con las familias, no contra ellas.
Dar su exacta dimensión a la potencia solucionadora del diálogo.
Generaciones e inmediatez
Formar paciencia y profundidad en una cultura que solo celebra lo instantáneo y que persigue gratificación inmediata por encima del bienestar profundo y sostenible, producto del esfuerzo.
Captar y mantener atención y motivación, un reto, que debe procurarse abordar con recursos; asimismo, ayudar a cada individuo a hallar y construir sus propios propósitos, motivaciones, intereses, ideas, caminos para empezar a cosechar todo lo que vaya sembrando.
Recursos y responsabilidad / Sostenibilidad y misión
Hacer más con menos. Priorizar lo esencial sin perder el rumbo.
Equilibrar la misión educativa con la viabilidad económica.
Ni escuela–empresa ni escuela–utopía: educación responsable y sostenible.
Congruencia entre nivel de responsabilidad, disponibilidad de recursos y margen de acción.
Considerar siempre el contexto en el análisis de resultados. Suele ser útil buscar más de una narrativa para contar las historias.
Que los activos de la escuela no se canibalicen. Ejemplo, inmuebles versus escuela.
Competencia y autenticidad institucional
Diferenciarse por identidad, no por imitación. Cuidar no seguir tendencias populares o de moda para pretender acrecentar las ventas.
La credibilidad precede al marketing.
No vender cascarones vacíos o castillos de naipes en el aire.
Diferenciarse en el segmento adecuado. Consolidar una comunidad satisfecha por el servicio que recibe.
Académico y formativo
Educar mente y corazón. No premiar esfuerzos memorísticos, diplomas, medallas, exámenes de alveolos, certificaciones, acreditaciones, llenar libros, cumplir programas, demostrar conocimientos.
Más formación y menos relevancia absoluta de la información que está a un click de distancia. Lo humano no puede sacrificarse en nombre de una métrica.
No enfocarse solamente en la admisión universitaria o el éxito profesional, educar integralmente para la vida, para ser mejores personas, para tener impacto positivo en cualquier entorno.
Inclusión y diversidad, enriquece. Todo ser humano tiene algo que aportar y enseñarnos. No a la exclusión y al prejuicio.
Liderazgo personal y liderazgo compartido
Abandonar el mito del héroe solitario. Se corre el riesgo de narrativas sobre simplificadas en las que hay villanos y salvadores. De enredarse en laberintos de sesgos y hogueras de vanidades. Un solo líder inspira; una comunidad de líderes transforma.
Dirigir es, en última instancia, alinear fuerzas, capacidades y voluntades para acercar la realidad al horizonte aspiracional de la institución.
Muy importante es desprenderse un poco del ego y empezar a construir con verbos conjugados desde la primera persona del plural.
Brillar a través del brillo de los demás es más luminoso que hacerlo soplando la vela del de al lado.
3. Liderar con integridad: la coherencia como fundamento educativo
La integridad no se promete: se vive. No es creíble decir que no habrá diferencias o problemas, pero sí lo es tener la tranquilidad de saber cómo se enfrentan.
Declaraciones perfectas y discursos persuasivos se desgastan sin sustancia, sin congruencia.
La coherencia —pensar, decir y hacer en una misma dirección— es el cemento invisible que mantiene unida a la comunidad escolar. Genera confianza y preserva al grupo.
La dirección educativa no se ejerce desde el cargo, sino desde el propósito.
Una comunidad sigue a quien es consistente, no a quien se le otorga más volumen en su discurso, a quien se le ponen más reflectores, a quien acumula y concentra poder o incluso a quien es vitoreado desde la tribuna.
Hacer lo correcto no siempre parece a primera instancia lo más rentable, pero siempre es lo más educativo y edificante. Frente en alto, reflejo en el espejo, ser ejemplo, no ensuciarse las manos ni cargar culpas y remordimientos, es un imán poderoso para atraer buenas cosas y merecer respeto.
La integridad genera confianza, y la confianza es la condición para cualquier avance sostenido.
Una comunidad es exitosa, no por la dependencia absoluta en un líder.
Integridad, pensamiento libre, acción responsable y la distribución equitativa de cargas y beneficios en la construcción de un futuro sostenible.
El alcance de la concatenación de liderazgos siempre será mayor, sobre todo si reman con sentido y oportunidad.
4. Construir comunidad: la verdadera tarea del director
Una comunidad educativa no se administra: se cultiva.
Se edifica con vínculos, símbolos, identidad, acuerdos, tradiciones y narrativas compartidas.
Podrán surgir voces ruidosas que se unen y a las que se les presten megáfonos, pero, así como son importantes, tampoco representan la verdad absoluta.
Hay que pulir los lentes de los sesgos para buscar la mayor objetividad. Anteponiendo a la institución por encima de agendas e intereses particulares.
Pasar de un conjunto de reglas y procesos, a una cultura, una identidad, una comunidad, implica mucho más.
Se basa en:
El trato al centro de toda interacción.
El respeto como requisito irrenunciable.
La comunidad ampliada, no sólo el alumnado (familias, exalumnos, aliados, entorno).
Los diálogos circulares: socios ↔ dirección ↔ docentes ↔ familias ↔ alumnos.
La corresponsabilidad como práctica diaria.
Una escuela sin comunidad es el reducto de un edificio con horarios; una comunidad sin propósito es una suma de individuos sin vínculo.
Las comunidades no se transforman por reglamentos, por mandatos, sino por el modo en que nos tratamos.
5. Ejes contemporáneos del liderazgo humanista
El liderazgo educativo humanista es, hoy, una necesidad ética y estratégica.
Sus ejes centrales son:
1. Salario emocional y reconocimiento
Nadie da lo mejor donde no se siente valorado.
Retroalimentación oportuna y asertiva, reconocer aciertos y dar oportunidad para mejorar, dando recursos, capacitación y acompañamiento. Respeto, como indispensable requisito para dignificar y estimular la pasión por la misión educativa.
Dejar que otras expresiones se escuchen, aporten, propongan. Asuman riesgos y resuelvan sus obstáculos.
2. Autenticidad institucional y visión sistémica
Prometer menos, cumplir más.
No vender espejos ni slogans: ofrecer realidad con propósito.
Marketing no va por su cuenta, está supeditado a comunicar la esencia y vida institucional.
Para ello se requiere visión holística que desafíe visiones hegemónicas que pronuncian las grietas que resquebrajan la unidad institucional.
Para dar golpes de timón o redefinirse, nunca partir de que todo lo anterior era negativo. Partir de diagnósticos, análisis. Hacer planes de transición. Darse cuenta que cambiar personas sin cambiar formas y acciones, no garantiza resultados mejores (quizá más cerca de lo opuesto).
3. Humanismo y educación integral
Educar es formar personas. Lo humano tiene profundas y diversas dimensiones, necesidades complejas, particularidades individuales. La zona del desarrollo próximo es distinta para cada alumna o alumno.
No hay recetas únicas, varitas mágicas, atajos o ruta rápida.
Cada individuo se va construyendo mientras se relaciona con la otredad, en procesos que no deben sobre simplificarse.
Educar no es esculpir estatuas, llenar moldes, uniformar cabezas o vestimentas.
La educación es formación ética, emocional, cognitiva y ciudadana.
El bienestar integral es el punto de partida para promover el desarrollo pleno, sostenido y profundo de cada persona. Cada quien debe asumir lo propio y, solidariamente, contribuir con los demás.
La realidad actual desafía a las escuelas a modernizarse, a voltear a ver aspectos menos tangibles y numéricos. Hay cosas que no miden los exámenes de admisión y que no reflejan las calificaciones.
De igual forma, no se puede medir a toda una comunidad con el mismo rasero. No debemos cerrarnos a circunscribir a un individuo, único, auténtico e irrepetible a un molde, a un prejuicio, a una etiqueta o una convicción predeterminada.
4. Virtudes institucionales vividas
Personalmente, resalto estos como atributos que podemos priorizar en la educación moderna: Integridad, autonomía, respeto, resiliencia, empatía, creatividad.
Las virtudes no se enseñan: se encarnan.
No adornan pendones. Son actitudes y compromisos que permean en formas de vivir, aun después de egresado.
Cada institución debe comunicar su escala de valores como primer filtro de segmentación y fuente de unidad.
5. Corresponsabilidad y liderazgos concatenados
El director como nodo, no como vértice.
El liderazgo se multiplica, no se concentra.
No se presume, se cosecha.
Hay quienes están más cómodos entre reflectores, con micrófonos, o que juegan para la tribuna. El director no está para darle gusto a todos o ser el más popular. Muchas veces le toca jugar el papel más incómodo, asumir responsabilidades en soledad, dar la cara por la institución. Es parte de la descripción del puesto. Todas y todos debemos entender que, por encima de intereses particulares, está la institución y el bien general.
6. Bienestar y exigencia
No hay excelencia sin bienestar, ni bienestar auténtico sin exigencia.
7. Sostenibilidad humana y educativa
Pensar en el largo plazo, con profundidad ética y visión sistémica. Garantizar la viabilidad del proyecto es tan importante como lo es formar con integridad.
Equilibrios entre dar alas sin cortar raíces, para que los jóvenes puedan volar sin olvidar quiénes son y de dónde vienen. Para que sepan a dónde y cómo quieren volar.
Pero también, entre valorar el origen institucional sin perder una visión de futuro. Un mundo cambiante exige nuevas cosas, aunque la esencia humana se mantiene vigente.
Por eso hay que saber discriminar lo que permanece constante y lo que es preciso renovar.
6. Habilidades esenciales y tecnología con sentido
Las llamadas “habilidades blandas” son, en realidad, las más duras de desarrollar. Son, también y al mismo tiempo, lo que debemos perseguir en el alumnado y las más necesarias para el liderazgo escolar del siglo XXI:
Curiosidad
Comunicación
Escucha/empatía
Reflexión crítica
Creatividad
Colaboración
Adaptabilidad
Resiliencia
Bienestar integral
Resolución de conflictos
La verdadera innovación en educación es relacional.
Aún ante la fascinación deslumbrante por la tecnología, ésta, es un medio, no un modelo.
Hoy útil, mañana obsoleta.
Los valores no caducan.
La inteligencia artificial no sustituirá jamás la creatividad, el pensamiento crítico, la sindéresis, la interacción humana, el propósito.
No educa la tecnología, sino las personas que pueden discernir, entender los por qué y los para qué. Quienes tienen el criterio de cómo usar las herramientas.
El desafío no es digitalizar la educación:
es humanizar la era digital.
La transformación de una institución se da más por actitudes que por algoritmos.
7. Cinco claves prácticas para pasar del diagnóstico a la acción
Propósito claro y compartido.
Liderazgo coherente e íntegro.
Escucha y comunicación empática.
Gestión estratégica con enfoque humano.
Evaluación ética, formativa y orientada a la mejora continua.
La acción transforma cuando nace del propósito y se sostiene con coherencia.
8. Cierre:
la esperanza corresponsable como motor del liderazgo
Dirigir con propósito es navegar la incertidumbre sin perder el rumbo.
Es replegar las velas y remar cuando no hay viento.
Es sostener el timón cuando todos dudan.
Es creer en el puerto incluso cuando aún no se ve nada distinto antes del horizonte, incluso cuando las aves de mal agüero pretendan declarar el naufragio.
Dirigir con propósito es sostener el alma de la escuela entre los vientos del mundo.
Liderar es creer en la posibilidad de acercar la realidad posible a un ideal inalcanzable.
Educar es sembrar esperanza con responsabilidad.
Dirigir es formar comunidad incluso cuando el camino es difícil.
A las nuevas generaciones les hace bien escuchar esto de vez en cuando:
“Defiendan sus convicciones sin imponerlas.
Procesen diferencias. Construyan puentes.
No sólo adviertan problemas y busquen culpables,
Asuman responsabilidades, participen de las soluciones.
Hagan lo correcto aun cuando nadie los mire.
Abran caminos. Abracen valores profundos.
Siembren semillas.
Honren sus raíces sin cortarse las alas.
Vean hacia el horizonte sin despegar los pies del suelo.
No asuman que el mundo adulto tiene todas las respuestas, mejor busquen nuevas preguntas,
No teman. No se resignen.
Al alcanzar una meta, planteen otras.
Y cuando no sople el viento, replieguen velas y remen.”
Si deseas invitarme a tu institución o conversar sobre liderazgo educativo humanista, contáctame en sasha@bilbao.edu.mx o por LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/sasha-klainer-9506079

















Excelente texto, totalmente de acuerdo, tenemos que mantenernos en la parte humana, antes que lo tecnológico e incluso que lo académico.
Maravillosos comentarios
Una reflexión sumamente pertinente para el momento que viven las escuelas. Tu análisis recupera con claridad que el liderazgo educativo no se sostiene en la técnica, sino en la coherencia ética, la construcción de comunidad y la capacidad de integrar tensiones con criterio. Coincido plenamente: dirigir hoy exige humanismo, visión sistémica y una práctica que ponga al centro a las personas, sin perder de vista la sostenibilidad institucional. Recordarnos que la verdadera innovación es relacional, y que la integridad es la base de toda transformación escolar, es un aporte muy valioso para quienes trabajamos en el sector educativo.
enseñanza formativa, humanista
Completamente de acuerdo, humanizar la educación es el primer paso para reforzar el alma de nuestra comunidad.
He vivido tu liderazgo de cerca y agradezco enormemente cada palabra desde lo humano, la empatía, contención y escucha.
Gracias Sasha